Mercedes Moreno

Mercedes Moreno

¿Cómo he llegado a ser la psicóloga que soy?

Me presento ¿quién soy?

Hola, bienvenido/a a este espacio que he creado, desde el que he tratado de realizar un ejercicio de apertura y honestidad con el deseo de dar a conocer en mayor medida, quién soy y mi forma de trabajar.

 

 

Formación

Mi curriculum

Terapeuta experta en pareja, imagen corporal y trastornos alimentarios, duelo, TOC y trauma

Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid.

Máster en Psicología Clínica, por el Centro de Investigación en Terapias de Conducta (CINTECO) en el que me especialicé en Psicoterapia de pareja.

Especialista en Mediación Familiar por el Colegio Oficial de Psicólogos.

Especialista en Intervención en duelo por la Fundación Mario Losantos del Campo.

Especialista en Terapia Centrada en la Compasión (TFC) y en Terapia de Aceptación y Compromiso.

Múltiples formaciones dirigidas a la intervención en Trauma.

Autocompasión en la práctica clínica facilitado por el propio Christopher Germer (fundador junto con Kristin Neff del protocolo MSC de autocompasión).

Formadora y docente de psicólogos en programas tales como:

Otros datos de interes
  • Miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, Colegiada nº M- 17006
  • Acreditada como Profesional Sanitario por la Conserjería de Sanidad de la CAM
  • Acreditada como Psicólogo Especialista en Psicoterapia por la Europeam Federation of profesional Psychologists (EFPA)
  • Miembro de la Sección de Psicoterapia del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos.
  • Miembro de la División de Psicología Clínica y de la Salud del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos
  • Formada y practicante de los siguientes protocolos de Mindfulness: MBRS, Mindfulness Eating (ME CL) y MBCT.
  • Formada y practicante de los siguientes protocolos de Compasión: MSC (Kristin Neff y Christopher Germer) EMC (Paul Gilbert).

MIS COLABORADORES

Trabajando juntos

En Pablo y Pilar encontré lo que buscaba para ofrecer a las personas que acudís al Centro lo mejor. Ellos son personas con una alta sensibilidad, empatía y generosidad, tienen un alto sentido de la responsabilidad absolutamente necesaria para ejercer en nuestra profesión y una alta capacidad de compromiso para con ellos mismos, los pacientes y el Centro.
Pablo Fuentes

Pablo Fuentes

Psicólogo

Pilar García

Pilar García

Psicóloga

RESEÑAS

Mis pacientes opinan

MÁS SOBRE MÍ

Historia y evolución

Desde adolescente tuve interés en la Psicología. Me parecía fundamental conocerme y saber cómo ayudarme a afrontar los retos que la vida me ofrecía. Me ayudó sumergirme en los conocimientos que en aquella época había de la disciplina y enseguida valoré que quería que fuera mi profesión. Se convirtió en parte esencial de mí y de mi propósito de vida:

Ayudándome a mí misma alcanzaría conocimientos y destrezas para poner al servicio de los demás.

Ayudando a los demás me ayudaría a mi misma encontrando y nutriendo un sentido de vida.

Por aquel entonces, tenía una visión existencialista de la humanidad y encontraba que mi paso por la vida era insignificante en mitad de la historia de la humanidad, pero deseaba que tuviera un impacto en la vida de otras personas con las que fuera a coexistir dentro y fuera de mi profesión.
Uno no puede devolver al mar todas las estrellas que la marea baja deja en la playa, pero aquella a la que sí liberas, marca una gran diferencia.

“Durante una puesta de sol, un amigo, iba caminando por la playa desierta. Mientras andaba vio, en la distancia, que se acercaba un hombre. A medida que avanzaba, advirtió que iba inclinándose para recoger algo que luego arrojaba al agua.

Una y otra vez lanzaba con fuerza algo al océano.

Al aproximarse más, mi amigo observó que aquel hombre estaba recogiendo estrellitas de mar que la marea había dejado en la playa y, una por una, las volvía a arrojar al agua.

Intrigado, se acercó para saludarlo:                         

–  Buenas tardes. Me pregunto qué está haciendo. 

– Devolver estrellas de mar al océano.

La marea baja ha dejado sobre la playa todas estas estrellas de mar. Si yo no las devuelvo al agua, se morirán. 

– Ya entiendo. Pero por aquí hay miles de estrellas de mar. Son demasiadas. ¿No se da cuenta de que es imposible devolver todas al agua? ¿De verdad cree que es importante lo que usted hace?

El hombre sonrió, se inclinó a recoger otra estrella de mar y, mientras volvía a lanzarla al mar, contestó:                      

– ¡Para esta sí que es importante!”    

Así fue como decidí estudiar Psicología, teniendo muy claro que mi formación iba dirigida a la clínica. Por eso elegí uno de los dos únicos Prácticum de carrera que en aquella época se ofrecían como puramente clínicos. Me seleccionaron y al acabarlo, ¡me ofrecieron continuar! En aquel entonces era todo un logro. Trabajar en clínica nada más acabar la carrera era casi la lotería. Era el año 2001 cuando comencé mis primeros pasos como psicóloga, con la fortuna de hacerlo de mano de buenas profesionales que me supervisaron y guiaron en el centro GOAP (Grupo de Orientación y Aplicaciones Psicológicas).

Por supuesto, continué en paralelo formándome a través de un Máster en Psicología Clínica en CINTECO, en aquellos años, uno de los pocos gabinetes de psicología existentes en Madrid con mayor prestigio y aplicación rigurosa de la ciencia de la psicología.

Desde el 2001 hasta el 2007, aproximadamente, considero que fueron años de absoluto enamoramiento de mi profesión. Tuve la suerte de trabajar mucho y adquirir mucha experiencia. Mi paso por el Hospital Niño Jesús y por el Hospital de Día de Trastornos de la Alimentación de la Unidad Médico Psicológicos  de Madrid también caló profundo…fue una de las experiencias inicialmente más duras de mi carrera, pero que como suele ocurrir, que más frutos dejó a su paso.

De la misma manera que la Terapia de Pareja si había llamado poderosamente mi atención desde que empecé a formarme en ella en el Máster, los trastornos de la alimentación no lo habían hecho…pero el contacto en primera fila con el sufrimiento que acarreaba estos trastornos para las personas afectadas por ellos, hizo que lo incorporara por completo en mi trayectoria profesional.

 Comenzó entonces a pasarme factura el enamoramiento y la dedicación frenética a mi profesión y a mis pacientes.

Comencé a experimentar lo que se ha dado en llamar Burnout o Síndrome del quemado, en mis propias carnes. Empecé a sentir el peso abrumador del sufrimiento propio y ajeno sobre mis hombros. Ya no era una psicóloga dando sus primeros pasos de la mano de sus supervisoras, ya tenía una alta responsabilidad en la aplicación de mis recursos sobre las personas que acompañaba. Además, tenía ya suficiente criterio para juzgarme y compararme…

Comenzó la época más oscura de mi carrera.

 Y como no podía ser de otra manera, busqué ayuda en un colega y comencé mi propio proceso terapéutico personal.

Me sentía atrapada, enamorada de una profesión que impedía que me visualizara haciendo otra cosa pero, absolutamente desgastada y vulnerable.

Sin embargo, considero que, de todo ese sufrimiento, surgió una psicóloga mucho más madura, humana, vulnerable, pero a la vez segura, capaz de ayudar ayudándose a sí misma, tomando conciencia, además, de que ese había sido el propósito inicial pero que se había perdido en el camino.

Me había perdido queriendo ser sólo la mejor psicóloga para mis pacientes, porque se lo merecían, sin tener en cuenta mis fortalezas y vulnerabilidades. Esto me había llevado a copiar ideales y quimeras de perfección que me hacían sentir un control aparente de buen hacer, pero que en realidad me alejaban mucho de ese buen hacer, porque era impostado. ¡Había dejado de ser yo misma! 

No tenía que ser LA PSICÓLOGA PERFECTA, sólo tenía que aprender/aceptar a ser la psicóloga que yo podía/quería ser y con ello devolver al mar, no todas las estrellas de la arena, sino aquellas que yo de verdad pudiera sostener.

Una etapa totalmente nueva nació, sentí la necesidad de soltar lastre, modelos cerrados y darme la oportunidad de encontrar mi propio camino y estilo personal.

Puse en cuestionamiento mucho de lo aprendido y nació el espíritu crítico, siempre tan doloroso pero necesario, que surge cuando acaba el enamoramiento y empieza el amor maduro capaz de ver y sostener lo bueno y también lo no tan bueno.

Empecé a cuestionar los límites del modelo eminentemente cognitivo-conductual en el que me había formado y empecé a ver sus limitaciones. Anduve por los derroteros de un modelo más comportamental muy distinto al que me enseñaron. Comencé a acercarme a los modelos de terapia que llamaban entonces de tercera generación. El modelo de La Terapia de Aceptación y Compromiso me caló por completo y mi estilo terapéutico comenzó a tornarse completamente en un modelo de acompañamiento, de relación más horizontal, de respeto, honestidad y aceptación de la vulnerabilidad. Todavía no conocía toda la psicología de la compasión propiamente en sí, pero en mí, ya estaba germinándose de forma intuitiva. A través del acompañamiento a mí misma, estaba llegando de forma mucho más eficaz y cercana a la ayuda a los otros…como nunca antes había experimentado.

Encontré el coraje para iniciar mi propia consulta. Y, más o menos, en paralelo, dejé atrás el centro en el que había dado mis primeros pasos y que representaba hasta entonces mi zona de seguridad. Abriéndome a otras posibilidades llegué a formar parte del mayor equipo de psicólogos en España en aquel entonces: El Centro de Psicología Álava Reyes.  Desde el principio, traté de tener presente que cuando entras a formar parte de una maquinaria tan grande, siempre puedes perderte de nuevo y fusionarte con algo que no tiene por qué representarte en tu totalidad, pero yo ya no quería perderme de nuevo. Para prevenir esto, decidí que mi tiempo dedicado en este centro, siempre fuera limitado, sin perder mi propio espacio.

Esta etapa de mi carrera profesional fue profundamente dulce y estable.

Desde el 2011, con mi primera maternidad en pañales y hasta un poco antes de la pandemia, entro en una etapa de mucha estabilidad. Mi ritmo de trabajo reconozco que hasta entonces siempre fue alto, pero tremendamente gratificante.

El enriquecimiento del equipo del Centro de Álava Reyes ha sido un regalo. Dentro de ese equipo no solo están unas magníficas profesionales sino mis mejores amigas y sostenes. Susana es un baluarte en mi vida que me acompaña desde la universidad: modelo, apoyo, inspiración, refugio seguro.  Mónica y Montse….son regalos que se añadieron en esta época. Ellas me han ayudado a crecer como persona y como profesional. Son una lección de cómo tener un sostén seguro en la vida, lo que te da alas de confianza y seguridad para emprender tus metas vitales. No tengo palabras para describir el agradecimiento a ellas y a la vida, por el privilegio de esta relación personal y profesional.

Pero ya son años de intenso trabajo y empiezan a aparecer otros intereses en mí, dando paso al momento que sabía llegaría antes o después.

El momento de querer dar más espacio a otros ámbitos de mi vida y llevar un ritmo laboral más amable conmigo en el tiempo. Otro nivel en mi vida laboral, siento que de mayor madurez.

A la par, comienza una revolución en la psicología, surgen con mayor fuerza corrientes antes poco valoradas por falta de rigor científico,  pero que ahora empiezan a pugnar fuertemente al poder comenzar a demostrar su eficacia.

Así fue como me fui formando en derivadas de esa tercera generación, más allá de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).

Llevo ya muchos años formándome y profundizando en Mindfulness y tratando de ser una practicante habitual y estable. El mindfulness dio paso al mundo de la Compasión propiamente dicha. Y aquí encontré el eje que vertebra y da sentido genuino a mi forma de ejercer como psicóloga: el enfoque de la Terapia centrada en la Compasión (de Paul Gilbert).

En esta auto-compasión empecé a serenarme y a desear ya también para mí ese estilo de vida más amable que antes comentaba.

No obstante, en paralelo,  nuevas inquietudes afloraban…

Los avances en neuroimagen revolucionan la neurociencia y ésta revoluciona la psicología. Ahora sabemos, más que nunca, cómo funciona el cerebro y pone del revés muchas teorías psicológicas hasta ahora imperantes y en otros casos explica y fundamenta otras.

Surge un mar de conocimientos y abordajes terapéuticos nuevos como el EMDR, el marco de la Comunicación No Violenta, el modelo de Circulo de Seguridad Parental, la Terapia Centrada en la Emoción….entre otras, en las que formarse y bucear…

Toca integrar todo esto, que es un trabajo en sí mismo.

Por otro lado, tomo conciencia que no puedo dar respuesta directa a todas las demandas de atención que me llegan. Surge así, la inquietud de derivar a esas personas que confían en mí a un recurso de calidad. Tratar de poner personas que buscan ayuda en buenas manos me parece que es una extensión de mi propósito vital, “yo no llego más que a unas estrellas de mar limitadas, pero puedo tratar de extender una red que a su vez ayuden a más”.

Por eso, inicio un camino de búsqueda de colaboradores, a veces sólo para derivación, otras para darles soporte en sus primeros pasos en la profesión, no sólo supervisándoles a nivel técnico, sino acompañándolos en el transcurso de ese “enamoramiento a amor maduro” de la profesión, tal y como a mí me hubiera encantado tener (si bien es cierto, que no tenerlo me hizo aprender infinito).

Estoy, por tanto, en una etapa larga de redefinición. Buscando un ritmo amable y encontrando tiempo para formarme y tratar de estar siempre lo más actualizada posible en el ejercicio de mi profesión.

Me quedan retos importantes que seguir afrontando.

Me encantaría poder difundir más allá de un “one to one” lo que la psicología tiene que ofrecer a la vida de cada uno de nosotros, pero quiero encontrar la manera de hacerlo de una forma genuina y honesta. Llevará tiempo, pero sí la encuentro, será mi siguiente parada…

Esto es algo que me motiva y mantiene entusiasmada en el ejercicio como psicóloga, por lo que el relato biográfico de mi carrera profesional continuará…

Ojalá, os haya podido transmitir mi pasión por mi profesión. Es algo que va más allá, es un propósito de vida: poder dar lo mejor de mí al servicio de contribuir en la vivencia más amable posible de las personas, empezando por mis seres queridos y por mí misma y extendiéndolo a las personas que confían en mi ayuda profesional y ojalá que, en cadena, a muchas más personas. 

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